Libro: fui lire cuando decidí morir
En esta sección deseo escribir frases o fragmentos de mi libro para que te motives a leerlo o disfrutes de manera corta lo que ha cautivado mi corazón.
En una silla de parque, cubierta de grietas y hojas secas, Eva encontró el lugar perfecto para sentarse un rato y observar el pasar de los autos y las personas. En ese momento, se sentía perdida, con un vacío penetrante que le helaba la sangre y sucumbía al silencio de sus huesos, anhelando ser descubiertos y lanzados a un lago fresco donde no sentir el infierno de un cuerpo colmado de emociones sombrías por una vida mal vivida.
Tenía miedo de sufrir a manos de otras personas, así que constantemente hería a los demás: en sus relaciones, amistades y familia. Hacía lo que fuera necesario para proteger su corazón, incluso construir muros de fuego. Lo que Eva no sabía era que nadie más la estaba hiriendo; solo ella misma.
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Padezco de una inseguridad crónica que se adhiere a mí con cada burla o comentario sobre mi cuerpo, mis formas de actuar o de hacer algo.
Comenzó la primera clase, y su alma ya se encontraba ofuscada en medio de las conversaciones de sus compañeros. Eva se mantenía vigilante desde la sombra de su corazón, sin querer revelar si estaba bien o mal. No deseaba que nadie descubriera la fuente de sus lágrimas, ocultas en el misterio de sus venas que parecían desear dejar de fluir.
Me levanté de la cama, buscando encontrar paz en un movimiento rápido, pero solo logré empeorar la situación. Quedé muda ante mi reflejo en el espejo apenas iluminado; era aún más perturbador verme en esa penumbra que rodeaba no solo el espacio, sino también mi consternada alma.


